“Las mujeres representan hoy…”

“Las mujeres representan hoy…”

Las mujeres representan hoy “la mitad más uno” de la sociedad argentina, pero han cargado y cargan con buena parte del peso de la historia del país. Como protagonistas en todos los aspectos construyeron su identidad a través del trabajo, la cultura, los debates, las luchas políticas y sociales, la vida familiar, barrial y colectiva. Un papel que, por lo general, suele negarse o limitarse a la mención de unas pocas figuras a la hora de escribir la historia, en la medida en que estas mujeres se hayan destacado en tareas, roles, profesiones u oficios definidos como “masculinos”.

(Felipe Pigna, 2011, Mujeres tenían que ser, pág.8.)

A partir de este fragmento es que quisiera comenzar la reflexión sobre la mujer en el sector agropecuario. Interpelar su rol a lo largo de la historia, y como éste se fue modificando con el transcurrir de los años.

Durante mucho tiempo se sostuvo la imagen de la mujer confinada a las tareas del hogar. En el campo, esto significaba mucho más que platos, ropa sucia y limpieza de la casa o el cuidado de los infantes. A todas estas actividades debemos añadirles por ejemplo, la responsabilidad de la huerta que incluye el laboreo de la tierra para sembrar los vegetales que se realizaban a mano, con pala y azada, siembra, mantenimiento y cosecha. Y cabe destacar que no eran pequeños canteros, ya que las casas de la época se encontraban llenas de personas que alimentar, nunca menos de 12, o más.

Además, en las chacras no faltaban las aves de corral, cerdos, ovejas y alguna vaca para la leche. La atención y cuidado de estos animales también era una tarea de las mujeres, porque los hombres se levantaban de madrugada a trabajar la tierra o arrear el ganado, arreglar herramientas de trabajo, preparar los caballos, etc.

Entonces podemos ver lo esencial de la mujer en las casas de campo y la cantidad de tareas que realizaban día a día, y no como soporte o ayuda al hombre sino como parte fundamental de la empresa que posibilitaba su funcionamiento.

Además estaban sujetas a cumplir con horarios de almuerzo, cena y merienda y preparar los infantes para la escuela, cuando no debían llevarlos.

En la historia tampoco aparecer el rol de las hijas, porque si bien era cierto que tenía muchos hijos para poder trabajar, no siempre eran muchos hijos varones sino por el contrario, entonces las mujeres también eran enviadas a trabajar la tierra, arriar el ganado, hacer el tambo, entre otras. Esto, pone en evidencia que tienen las mismas capacidades que los hombres de llevar adelante la actividad; hasta el casamiento.

Desde siempre, el heredero en consideración es el hijo varón y, si no había uno en la familia el campo se arrendaba o vendía, porque a las mujeres no se les enseñaba ni preparaba para que en un futuro pudieran ser capaces de liderar una empresa agropecuaria; aunque pudiera trabajar la tierra hombro a hombro con un hombre.

En este punto me detengo, y la reflexión acerca de esto es tener en cuenta que con estas reglas de juego, las víctimas de estas construcciones eran y, son todavía ambos géneros. Por un lado la mujer por su minimización y exclusión del sector, y por el otro la obligación de los varones a seguir con un mandato, imponiendo el cuidado de toda la familia en su responsabilidad, por lo que quedaba limitados a decidir por sí mismos su futuro.

Años más tarde, podemos ver que en la mayoría de los casos, en donde por diferentes motivos las mujeres quedan al frente de una empresa agropecuaria, la misma es terciarizada, arrendada o vendida, como si el negocio del campo fuese algo imposible de manejar para ellas.

Por esto, desde mi punto de vista, la mujer al no encontrar espacio de desarrollo intelectual y profesional dentro del ámbito agropecuario, decide emigrar hacia otros rubros urbanos en busca de su independencia. Así es que, considero que éste fenómeno podría ser un motivo más, pero no menos importante, de la migración de la familias del agro.

Hoy en día, nos encontramos en una transformación constante de la sociedad, que alcanza al sector.

El modelo no se agota en las mujeres trabajadoras de las economías regionales, donde se ha pretendido enclaustrarlas históricamente desde muchas instituciones. Tampoco está completo con las cada vez más numerosas propietarias de tierras que decidieron hacerse cargo de sus producciones.

(Adela NORES, 2018, Mujer rural nuevas voces, pág. 9)

Según el Censo Nacional Agropecuario del año 2002, “Cada año, Argentina cultiva más de 20 millones de hectáreas, pero de los 330.000 establecimientos productivos que existen en el país, sólo 27.000 son dirigidos por mujeres, es decir, menos del 10%,” (Adela NORES, 2018, Mujer rural nuevas voces, pág. 13)

Mientras, en el Censo Nacional Agropecuario del 2018, en las EAP “Explotaciones agropecuarias” con tipo jurídico persona humana o sociedad de hecho no registrada, se relevaron 223.292 productores y socios, de los cuales el 21% son mujeres. (CNA 2018).

Pero, también hay mujeres que rompieron con algunos paradigmas más y se convirtieron en mujeres profesionales como Ingenieras Agrónomas, Veterinarias, Zootecnistas, Administradoras, y más; logrando especializarse y doctorarse, abarcando cada vez más espacios del sector, tanto intelectual como territorial.

“Hoy más del 60 % de los graduados de las carreras de agronomía y veterinaria, son mujeres.”

(Adela NORES, 2018, Mujer rural nuevas voces, pág. 14)

A pesar de estas conquistas, las mujeres hoy en día aún sufren arrebatos, minimización y estigmatización que deben enfrentar en el desempeño laboral de cada día.

Todo esto me deja advertir cuantos obstáculos tuvo y tiene que sortear una mujer para poder posicionarse socialmente a la par de un hombre, que son desde mandatos familiares, en donde me detengo y les voy a contar un pequeño diálogo real que me sucedió recientemente y voy a dejar a su criterio la reflexión.

MADRE: – Yo siempre pensé que mi hijo se iba a hacerse cargo de todo el campo, pero ahora que decidió trabajar en otra cosa no sé qué va a pasar con todo esto, seguro lo terminan vendiendo.

Esta madre tiene una hija, yo. Recién recibida de Ingeniera Agrónoma, quien trabaja a la par de ellos en el campo desde que tiene 16 años, y que su motor íntimo es poder continuar y mejorar e incluso expandir la empresa familiar.

Hasta mandatos sociales, en donde solo por el hecho de ser mujer el conocimiento intelectual es menor al de un hombre. Y, para poder afrontar situaciones profesionales, debes utilizar técnicas poco conocidas por ellos, y acá voy a contar otra breve experiencia que me sucedió también, en una entrevista laboral.

ENTREVISTADOR: – ¿Qué estrategia real utilizarías durante una venta de agroquímicos?

OTRO ENTREVISTADOR: – Y… Se pone una pollerita y un escote, y listo.

Finalmente, los avances de lo femenino son notorios y acelerados en el rubro agropecuario, pero sin duda no debemos dejar de pensar en que hay aún muchos debates y avances en cuanto a hábitos y costumbres que deben modificarse; o no, pero si debatirse, en concordancia a los avances socio-culturales y al acceso en igualdad de oportunidades.

En este resumen quise hacer un repaso breve de algunos dogmatismos del sector, que cabe aclarar no quisiera hacer que se interpreten apreciaciones en contra o a favor de los mismos. Aunque si pretendo ponerlos en el pensamiento crítico, para hacer una revisión de las culturas que transmitimos en el ámbito, que quizás no son favorables en igualdad de condiciones para todos. Y así avanzar todos hacia un ambiente equitativo y empático, donde lo importante sea potenciar el desarrollo de la sociedad.

Escrito por: Irmaesther R.